ELENA SANZ: UN REGALO REGIO

 

En numerosas ocasiones hay pequeñas notas u observaciones que por no alargar textos e ideas se quedan en el tintero, este es el caso de las siguientes opiniones personales sobre una joya (precisando, un anillo), depositada en el Museo Lázaro Galdiano, clasificada por un tiempo como un regalo de Alfonso XII a su amante Elena Sanz.

Quien dio el paso para que esta idea trascendiera el ámbito de los museos para entrar en el de la crónica fue el historiador José Luis Gordillo Courcières en su obra Todo el siglo es Carnaval [i]. Tomó como fuente a D. José Camón Azar, antiguo director de la Fundación Lázaro Galdiano, que la clasificaba de factura romántica (c. último cuarto del silgo XIX) y teniendo en cuenta que en ella aparece el escudo real y las iniciales E.S. decía que se trataba de un regalo de Alfonso XII a Elena Sanz.

Para J.L. Gordillo podía tratarse de un regalo que el rey hizo a Elena con motivo de su centón de despedida del Teatro Real el 31 de octubre de 1877 y del que daba fe el periodista Raúl en El Pueblo Español, aunque el periodista no precisaba cual fue el regalo. Sin embargo, la noticia del presente real fue tratada muy diferentemente en Francia donde Elena declaró que recibió, en una recepción privada el día siguiente de su representación de despedida —añade erróneamente que tuvo lugar el 20 de octubre— de parte del rey “dos brazaletes con brillantes”, dos semanas después el brazalete había pasado a ser uno. En cualquier caso, —ya fuese anillo, dos brazaletes o solamente uno —,  nada que escapase a la práctica habitual por parte de las reales personas de toda Europa de reconcoer los méritos artísticos de determinadas personas.

Años después José María Zavala retomaría el tema del anillo añadiendo que, probablemente, se trataba de un regalo del rey a Elena Sanz con motivo del natalicio de Fernando, verosímilmente según suposición de María Luisa Sanz.

 

Anillo de oro en el Museo Lázaro Galdiano con el nº de cátalogo 0904

 

Pero el museo actualizó el inventario y catálogo de sus piezas y la primitiva descripción que del anillo hiciera Camón Aznar varió.

En la última revisión, mucho más precisa y amplia en detalles, llevada a cabo por Letizia Arbeteta Mira [ii] se dice del mismo que se trata de una joya de varón, maciza, de oro esmaltado a reserva, chatón superior con el escudo borbónico de España, triángulos laterales con los anagramas ES en letras decó, en el interior las marcas de contraste de 18K y las letras “PPR”, su forma de ingreso fue como donación al estado, finalmente que el estilo pertenece a la edad contemporánea por lo que saldría del taller de un desconocido orfebre entre 1901 y 1933.  Más datos de la descripción en el enlace.

Estamos ante una pieza de la que se desconoce procedencia y autoría.

Evidentemente por la fecha se trata de un regalo que S.M Alfonso XIII hizo a alguien que respondía a las iniciales “E.S.” y quizá el estilo de las letras “decó” puede dirigirnos especialmente a la década de los 20 del siglo XX, período en el que se pusieron de moda.

Lo que viene a continuación se trata de opiniones a falta de demostrar con algún documento que lo confirme como puede ser una carta de solicitud, una factura o un asiento en contabilidad.

 

 

En nuestra búsqueda particular sí hemos dado con una persona, en aquellos años muy próxima a la familia real, que responde a esas iniciales. Quizá no sea esta la única posibilidad, pero, por el momento, es nuestra hipótesis y pasamos a exponerla.

Pensamos que el anillo pudo tratarse de un regalo de reconocimiento de Alfonso XIII a “Emilio Serrano Ruiz” por su dedicación de toda una vida a la música y a la familia real.

Emilio Serrano Ruiz (1850-1939), según su biógrafa Mª Encina Cortizo Rodríguez nunca lo suficientemente reconocido, fue durante décadas, entre las muchas facetas de su trayectoria, Maestro de Cámara y organizador de los eventos musicales de la Familia Real y profesor de piano durante más de treinta años de la infanta Isabel. Muy considerado en la corte y reconocido y apoyado entre otros por el compositor Morphy también muy próximo a las reales personas.

Se trató de un compositor y docente destacado. Compuso ópera y en sus últimos años se decantó por la zarzuela intentando impulsarla como género nacional. Sentó las bases para la creación de la ópera nacional. Siguiendo a Mª Encina Cortizo:

 

Su figura merece una reparación histórica, no sólo por la amplia actividad desarrollada en el último tercio del siglo XIX como catedrático de composición del Conservatorio, consejero de Instrucción Pública, director artístico del Teatro Real, y presidente de la Sociedad Artístico-Musical de Socorros Mutuos, de la Sección de Música de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Sección de Música del Círculo de Bellas Artes, sino también por la trascendencia y calidad de su obra que el tiempo ha eliminado del repertorio. Su figura debe recuperar el espacio que le corresponde en nuestra memoria, incorporando su obra al patrimonio sonoro de nuestro país.

 

El 27 de marzo de 1920 el rey le jubilaba de su puesto de profesor numerario en el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid.

El domingo 3 de mayo del mismo año se celebró una comida popular en el Círculo de Bellas Artes para homenajearle. Estuvieron presentes numerosas corporaciones y le fue entregada la medalla de oro que el Círculo otorgaba a los artistas que habían conseguido un puesto relevante en el mundo del Arte, sus numerosos alumnos le obsequiaron con una orla adornada con sus retratos y firmas y finalmente un artístico pergamino.

En 1895 había conseguido los reconocimientos honoríficos de Oficial de la Academia de Francia, de Comendador ordinario de Isabel la Católica y de Caballero de la de Carlos III. En junio de 1925 el rey le nombró Caballero Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica.

Fallecía en Madrid el 8 de abril de 1939.

 

 

Queda por resolver la posible autoría. Nuevamente se trata de una conjetura. La pieza forzosamente tuvo que salir del taller de algún reconocido proveedor de la Real Casa y por varias razones hemos pensado en la Casa Alfredo Álvarez que destacó sobre todo por la acuñación de distintas medallas conmemorativas del reinado de Alfonso XIII. En 1902 salieron de su fábrica las de su coronación y jura, en 1905 las de sus esponsales con Dª Victoria Eugenia, en 1927 las de las bodas de plata del reinado, según los bajorrelieves de escultores de la talla de Mariano Benlliure, Aniceto Marinas y Antonio Parera sucesivamente. En aquellos años la joyería era conocida por el nombre “Sres. Alfredo Álvarez y Cia”.

Entre los hijos de Alfredo Álvarez destacó como pintor paisajista y esmaltador Francisco Álvarez Galíndez (1892-1985) que ya con anterioridad a la década de los veinte, a pesar de su juventud, había recibido reconocimiento internacional por sus creaciones.

Puestos en contacto con los actuales propietarios de la joyería y descendientes directos de D. Alfredo Álvarez dijeron no conservar correspondencia, ni contabilidad de aquellos años y que no les constaba que la joyería hubiera firmado con alguna marca especial sus obras. Con respecto a las iniciales “PPR” del interior desconocían de qué pudiera tratarse, aunque apuntaron la posibilidad de que fueran iniciales de la persona a la que iba destinado el regalo o de quien lo hacía puesto que grabarlas en los anillos suele ser práctica habitual en joyería.

En definitiva, por su parte no obtuvimos una respuesta con la que poder confirmar o descartar nuestra teoría.

No parece que las letras “PPR” pudieran responder a alguno de los dos casos que nos indicaron por lo que suponemos que podría tratarse de una marca de joyero, ya saliera el anillo de su taller o de algún otro, quizá aludiendo a ¿proveedor real?, ¿proveedores?, ¿proveedor palacio real?…

Para finalizar, no descartamos que la razón de ser del misterioso anillo aún pueda encontrase ¿por qué no? en la contabilidad del Palacio Real, eso sí, tomándose la tarea con muchísima tranquilidad.

 

 

En una primera incursión en los fondos del archivo del Palacio Real comprobamos que los gastos en joyas podían encontrarse, bien en la sección “Joyeros, plateros y diamantistas”, bien en la de los gastos particulares de los reyes, llamada el “Bolsillo secreto”. Los relativos al reinado de Alfonso XIII se encuentran en la sección del Bolsillo en un legajo compuesto de numerosas carpetillas ordenadas por fechas, entre las que destacan varias de joyerías, entre ellas Ansorena, Luis Sanz… pero no encontramos nada relacionado con Álvarez.

En la consulta apreciamos que había una especie de quiebre en la documentación, si las referencias eran muy numerosas y relativamente detalladas hasta 1920, en los últimos años del reinado escaseaban. En la década de 1920 encontramos varios “testigos de archivo” que, en cuanto a joyerías, indicaban la existencia de pagos a Ansorena, pero evidentemente faltaban las carpetillas correspondientes y los listados de las joyas realizadas.

Con anterioridad a 1920 los pagos regulares a la joyería estaban acompañados de facturas y listado de piezas. Entre los encargos a este proveedor, además de los de adorno personal como pulseras y demás, destacaban las condecoraciones y los “chatones esmaltados”, expresión que siempre que aparecía iba acompañada del número “2” y se especificaba “para collar”. La definición nos acercaba bastante al anillo analizado.

Estábamos al tanto de que los archivos de Ansorena habían sido destruidos durante la guerra civil, pero a pesar de ello nos pusimos en contacto con sus peritos para saber al menos si la casa firmó las piezas o utilizó alguna marca de joyero. Su respuesta fue afirmativa lo que, por el momento, parecía descartarla como posible autora, puesto que en nuestro anillo la única seña de identidad son las letras “PPR”.

Así pues, dejamos la posible autoría abierta a otras posibilidades.

 

Miren Urgoiti “Susurros en el viento” ©

 

[i] Ediciones el Museo Universal, Madrid 1993, p. 157.

[ii] Arbeteta Mira, Letizia. El arte de la joyería en la colección Lázaro Galdiano. Segovia: Caja Segovia-FLG, 2003. p. 240, nº 214. Segovia