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EULALIA DE BORBÓN: EXPÓSITA.

La curiosa anécdota de la inscripción, en el registro civil  de un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, de una niña nacida el mismo día que la infanta Eulalia (13-02) en el año 1883 y que llevaba sus mismos nombre y apellido (Eulalia Borbón), permitió que se propalase el rumor de que se trataba de una bastarda suya; en algunos casos la encontramos citada como “supuesta hija de” y en otros, se ha evaporado la suposición, y, directamente, ha pasado a ser: “hija de”.

Creemos que el tema merece una segunda mirada y un poco más de atención y para ello vamos a hacer un replay de lo que aconteció en aquellos días en la corte, para pasar después a dar una explicación alternativa a esa hipotética maternidad.

VIOLETA

Clareaba la mañana del 12 de febrero de 1883, en la capital de las Españas, con un cielo encapotado y una temperatura simplemente fresca. Los vendedores de periódicos ofrecían el “Diario oficial de avisos de Madrid” sin que se previeran grandes cambios en el horizonte: toda la real familia continuaba en la corte, “sin novedad en su importante salud”, y en el Palacio Real corrían aires de renovación.

La familia vivía un dulce momento, la reina Cristina, aún no había conseguido engendrar un vástago varón, pero en lo poco más de tres años de vida marital, se había manifestado como  hembra fértil y había dado dos infantas a la dinastía, y la infanta Paz, hermana de Alfonso XII, estaba próxima a anunciar su compromiso oficial con un príncipe alemán. Eran huéspedes de palacio los Duques de Montpensier, que se habían acercado a la corte a finales del último enero, acompañados de su hijo Antonio, y de la del príncipe Luis Fernando de Baviera, que tenía previsto permanecer en la capital hasta su próximo enlace, a primeros del mes de abril.

Desde la redacción del diario se felicitaba a la infanta Eulalia por sus días, cumplía diecinueve años, y por tal motivo se publicaba una real orden disponiendo que la corte vistiese ese día de media gala, a la par que otra ordenaba que se vistiese de luto durante diez días, por el fallecimiento de S.A.R. el príncipe Federico-Carlos Alejandro de Prusia.

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No sería ésta ni la primera, ni la última ocasión, que el luto empañase una efeméride en la vida de la infanta Eulalia. La consecuencia fue que en esta ocasión se decidió celebrar el aniversario en Aranjuez; se almorzaría en la Casa del Labrador para comer después en Palacio. Acompañarían a la familia real los Montpensier, su hijo Antonio, el príncipe bávaro y el personal de la real casa.  Después de la comida y ya en Madrid, los Montpensier tomarían el tren de regreso a Sevilla.

Las dos últimas semanas habían sido  de gran actividad social para Eulalia, ya que había hecho numerosas apariciones públicas. El día 2 se trataba de la procesión, y posterior misa, de la Candelaria, a las que asistieron toda la familia real y grandes personalidades de la corte; su hermana Paz y ella vistieron para la ocasión elegantes trajes de terciopelo azul marino. El día tres por la tarde fue la Salve de Atocha. El día cinco todos los jóvenes de la familia hicieron una excursión al Pardo. La tarde del diez asistía a la audición del primer gran concierto dado por la sociedad de Profesores, que dirigía el maestro Vázquez, en el circo del Príncipe Alfonso.

Desde el último octubre en que las infantas habían regresado a Madrid de sus vacaciones en Comillas, Eulalia no había abandonado la corte, sus apariciones públicas habían sido regulares, y ninguna habladuría había empañado su virtud; su figura había lucido tan esbelta como siempre; en las dos últimas semanas había asistido a numerosos actos públicos, acompañada de sus tíos, de su primo y del príncipe Luis Fernando. Eso sí, no había dejado pasar ninguna ocasión en la que hubiera podido ejercer el papel de “la pequeña rebelde” de la familia, con el que tanto disfrutaba.

A muchos kilómetros de la capital (más de 350), a las nueve de la mañana del día trece, una niña, arropada en harapos, y con todos los visos de haber nacido la víspera, era depositada en el torno de la Casa de Beneficencia de Alcaudete, un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, situado un poco a desmano de las principales vías de comunicación de la provincia .

A las diez de la mañana, de ese mismo día, era inscrita en el registro civil por el encargado de la Casa Cuna, como “hija de padres desconocidos” y como solía ser costumbre bajo la advocación del santo del día de su nacimiento (en su caso santa)[1]  y con el apellido Borbón, y al margen del libro se anotó el nombre por el que sería conocida: Eulalia Borbón.

Unas horas después era bautizada en la parroquia de Santa María del municipio como Eulalia Borbón aunque, en esta ocasión, se quiso dejar clara constancia de su procedencia, y en el margen se anotaría: Eulalia Expósita, pero en el cuerpo del acta quedaba claro que en el registro civil había sido inscrita como “Eulalia Borbón”.

Eulalia Borbón de Alcaudete vino a este mundo mientras la Eulalia de Borbón de Madrid se acicalaba para su próxima fiesta de cumpleaños o mientras paseaba por los románticos jardines de Aranjuez en compañía de sus tíos, su primo, sus hermanas, el príncipe Luis Fernando y rodeada del personal de la casa real.

¿Qué fue de la Eulalia jienense? Por el momento se ignora. Pudo haber fallecido en breve o haber sido adoptada, pero parece que su futuro no llegó a despertar tanto interés como la inscripción de su nacimiento.

VIOLETA

OTRA EXPLICACIÓN PLAUSIBLE.

Antes de comenzar con las explicaciones tengamos presente que Borbón es un apellido originario de la Baja Navarra y que no es exclusivo de la familia real española. También lo podemos encontrar en algunos pueblos de Navarra y en una ínfima proporción en el resto de la península y en EE.UU. en algunos estados que fueron colonias francesas.

Después de esta nota aclaratoria nos centraremos en el tema.

Cuando comenzó a circular el rumor de la existencia de la Eulalia de Alcaudete habían pasado unos años de una visita que hice al Archivo Histórico Diocesano de Vizcaya; mientras esperaba que me entregasen los libros solicitados, accidentalmente y sin pretenderlo, escuché la conversación entre una documentalista del archivo y unos genealogistas.

Hablaban  sobre la inscripción de los niños expósitos en los libros bautismales y cómo los apellidos con los que eran inscritos había pasado por modas a lo largo del tiempo; a modo de curiosidad ella aportaba lo ocurrido en una parroquia de Bilbao, en la que por un tiempo se había puesto el apellido Borbón a los expósitos que iban llegando. El tema consiguió intrigarme pero, por muy interesada que estuviera en él, no podía entrar a saco en una conversación ajena.

Siempre me quedó el gusanillo, rumiando por lo bajines, de llegar a saber a ciencia cierta qué era lo que en realidad había ocurrido con aquello y nunca olvidé la conversación. Fue al conocer el caso de la Eulalia de Alcaudete, cuando decidí ponerme nuevamente en contacto con el archivo, para interesarme por la veracidad y el alcance del tema, y que despejaran mis dudas.

Me confirmaron que, efectivamente, así había sido; la parroquia en la que habían tenido lugar los hechos era la de los Santos Juanes, una de las de más solera de la villa, y una de las pocas que tiene libro independiente de bautismo para el registro de  los expósitos, pero por el momento la ley de protección de datos impide acceder a las partidas. No me especificaron, ni tampoco yo pregunté, si era por no haberse cumplido los cien años requeridos por ley o por tratarse de expósitos.

La archivera me facilitó la signatura del libro [ES/AHEB-BEHA/F006.081 (0980/001-00)], además amplió la información y me dijo que el primer registro con el apellido Borbón llevaba fecha de diciembre de 1916, pero que un despacho del M. y Sr. provisor de la Diócesis, del día 13 de julio de 1917, obligó a rectificar los datos y a corregir el apellido en toda la documentación existente al respecto. Podía llegar a ser una fuente de conflictos que alguien llevase el apellido Borbón.

Por el momento se desconoce a cuantos registros alcanzó dicha práctica y la razón que impulsó al párroco a utilizar ese apellido, aunque, a efectos prácticos, en la actualidad es como si aquello nunca hubiese tenido lugar.

En la fecha en la que fue registrado el primer niño, el Borbón en el trono era Alfonso XIII; en 1916 ya era padre de todos sus hijos legítimos, y de dominio público su accidentada vida extramatrimonial: tenía la misma merecida fama de libertino que su padre y que su abuela.

A todas luces parece que el haber utilizado el apellido Borbón,  para la inscripción de los expósitos, fue la iniciativa personal de un párroco, que posiblemente empatizó con aquella velada súplica, que un humilde hortelano de Nonduermas, elevaba a Alfonso XII, durante su visita a Murcia, tras la devastadora riada de Santa Teresa: “Su Ilustrísima: no nos ha quedao más que la tierra y el cielo, y usté, que es nuestro padre.”[2]

Es posible que el párroco de los Santos Juanes asumiese que todos los niños abandonados de la patria, pobres angelitos que ciertamente se encontraban entre el cielo y la tierra, merecían, por derecho propio, de la real protección.

La existencia de ese párroco me llevó a pensar que quizá a la niña de Alcaudete le ocurrió lo mismo: una iniciativa del pasante del registro civil, que pudo recordar que el día que había nacido la pequeña, también era el aniversario de una infanta de España, y que, en un acto cuasi mágico, pretendía que a la pobre criatura le alcanzase el feliz destino de su homónima y que no tuvo más trascendencia porque la niña falleció en breve, o no tuvo descendencia, o incluso que, aunque la hubiese tenido, no tuvo más importancia porque el apellido en una mujer tiende a desaparecer. 

Quizá si la infanta Eulalia, hubiese pasado los meses anteriores a su aniversario alejada de la corte, realizando un largo viaje de placer, alojada en un remoto balneario o visitando a algún pariente lejano, hubiéramos podido dar cabida a algún tipo de duda; pero desde el octubre anterior no había salido de Madrid, había estado haciendo vida absolutamente normal y sus apariciones públicas habían tenido frecuencia casi semanal.

En mi opinión no sería de extrañar que, según van siendo conocidos los fondos documentales de parroquias y registros civiles, apareciesen más expósit@s Borbones. Lo que sí parece dudoso es que lleguemos a encontrarlos inscritos como tales y que, como tales, pudiesen  lucir orgullosamente el apellido.

Nunca hay que descartar que puedan aparecer nuevos bastardos reales pero, en mi humilde opinión,  los encontraríamos, para sorpresa de todos, con cualquier digno apellido de una familia bien.

Miren Urgoiti, de “Susurros en el viento”©

VIOLETA

[1] Santa Eulalia, patrona de la ciudad de Barcelona. Su festividad se celebra el 12 de febrero.

[2] La Ilustración española y americana” del 30 de octubre de 1879.