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LA FAVORITA.

LA VERDADERA HISTORIA DE ELENA SANZ

“Quien entra a estudiar en esta universidad es porque ya lo hizo con anterioridad.”

Koan zen

 

PRÓLOGO

Si éste es tu primer contacto con la vida de Elena Sanz es muy posible que las palabras que vienen a continuación no te digan absolutamente nada, si por el contrario conocías al personaje te pueden servir de recordatorio antes de continuar y poder dar el verdadero valor a la información que contiene el resto del libro.

¿Cuál sería la definición más corta sobre Elena Sanz?: Cantante de ópera y amante del rey Alfonso XII, al que dio dos hijos varones.

¿Qué es lo que hace que su persona sea noticia cíclicamente?: La existencia de esos dos hijos.

Si la vida lo hubiera permitido ella merecería una biografía en base a sus logros musicales, es decir que la encontraríamos en aquella sección de la historia bajo el epígrafe “Historia de la música”, o algo similar, como ocurre con otros cantantes contemporáneos suyos, tales como la Patti, la Nilson, la Alboni, Gayarre, Aramburo, etc. etc.

Sin embargo cada vez que nos acercamos a ella lo hacemos desde el punto de vista de que el acontecimiento más relevante de su vida, y que incluso dio a ésta un giro de 180 grados, fue el haber dado dos hijos bastardos a un rey, mantenido en su trono en precario -tanto por su salud como por la situación política que le toco vivir-, y fallecido prematuramente sin descendencia masculina.

Tanto es así, que puesto que el momento más intenso de la relación entre ellos duró muy poco (posiblemente poco más de dos años), en breve la opinión pública la hubiera relegado al olvido, como ocurrió con otras de sus amantes, y si Elena Sanz surge con regularidad en los medios es por sus hijos. Así que, evidentemente, cualquier trabajo sobre ella debería centrarse en esclarecer o dar más luz a esa faceta de su vida.

Si el nacimiento de esos dos niños fue fruto exclusivamente del amor entre dos personas, lo fue de la ambición de una de ellas, de la lujuria de la otra, o debido a la actuación interesada de unas terceras, será difícil de esclarecer, y aún, hoy día, es tema de debate y lo seguirá siendo. Hay quien apuesta por la idea romántica del amor de un rey y una irresistible diva y hay quien prefiere otras visiones más realistas. Después de todo defender posturas contrarias siempre es enriquecedor para todos. C’est la vie.

Pero lo que si es seguro es que nos encontramos en una historia basada en incertidumbres y en supuestos. Parece que, habiendo nietos y biznietos vivos de Elena Sanz, tendría que haber más información sobre ella, una historia viva basada en recuerdos, en anécdotas, que, en verdad, es inesistente.

La primera biografía sobre ella pertenece a la pluma…

NIZA

Anochecer del 23 de diciembre de 1898

Viernes veintitrés. Aunque no hace mucho que las campanas de Santa Reparata doblaron con el primer cuarto sobre las cinco ya es de noche. La fecha es muy especial, víspera de Nochebuena, y la alegre Niza se prepara para la celebración de la próxima festividad. Las calles llenas de gente que camina apresurada realizando las últimas compras, los cafés también repletos de una multitud bulliciosa y alegre y las calles más iluminadas de lo habitual hablan de la cercana celebración; también procedente del interior de alguna casa llega el eco de voces infantiles que con un villancico, así lo conmemoran. Por doquier paredes y quioscos tapizados de carteles, anunciando las cenas, bailes y cotillones que tendrán lugar en los hoteles más lujosos de la ciudad.

Hace algo más de una hora que el sol se ocultó tras la colina de Saint-Barthelémy; se anuncia una noche de temperatura agradable y sin nubes y una enorme luna, casi redonda, ha ido ascendiendo por el este, cubriendo de reflejos plateados las oscuras y tranquilas aguas de la bahía De los Ángeles. A lo lejos se recortan las sombras negras de las palmeras, las luces de los hoteles y las villas dan vida al largo Paseo de los Ingleses y cuando la vista decide centrarse en la lejanía, en aquellos distantes parpadeos, se intuye Antibes.

Todo respira vida y alegría. Atrás han quedado el viejo puerto y los veleros atracados en los muelles, meciéndose blandamente, y, con el suave rumor de la marea como fondo, el joven pasea pensativo.

Jorge ha preferido ese entorno tranquilo, lejos del bullicio del centro de la ciudad, pues necesita poner orden a sus ideas. Los  últimos meses habían sido muy intensos, de mucho trabajo y muchos viajes. Y finalmente todo el proceso que le había tenido ocupado durante algún tiempo había concluido.

Ese mediodía había tenido lugar un acontecimiento que había cambiado su vida. En el preciso instante en que las campanas de Saint Barthelemy anunciaban el angelus su madre exhalaba el último suspiro y su alma volaba al cielo con el repique.

El acontecimiento no sólo era doloroso sino que además suponía dar un giro radical a su proyecto vital. Su madre aún era joven, apenas hacía dos  semanas que había cumplido los cincuenta y cuatro, por lo que fácilmente se le hubieran podido augurar muchos años de espléndida madurez y una vejez plena en felices acontecimientos; sin embargo la triste realidad era que llevaba mucho tiempo enferma.

Hasta la fecha Jorge había compaginado su trabajo con su afición como periodista, siempre había amado esa profesión, quizá por influencia de su difunto tío Francisco, al que había admirado en su adolescencia, pero a partir del pasado mediodía se había convertido en el cabeza de familia, y debía hacerse cargo de sus dos hermanos menores, Alfonso y Fernando, que, aunque hacía años que dejaron de ser infantes, aún no habían alcanzado la mayoría de edad. Había pasado a ser su tutor legal y el administrador de sus bienes; no estaría solo en el desempeño, pues compartiría la responsabilidad con su tío Enrique, que ejercería de protutor. Pero en ese momento ya se podía considerar tutor, mentor y administrador y sospecha y teme que el cargo no sea nada fácil de sobrellevar.

La vida no siempre fue grata para él, pues tuvo que madurar prematuramente. Él nunca conoció a su padre, sin embargo sus dos hermanos menores tuvieron uno muy conocido; su progenitor, fallecido hacía trece años, había sido nada más y nada menos que un rey, y la situación legal y económica de los pequeños siempre había presentado problemas de todo tipo.

 En ese tranquilo deambular presiente que en su futura ocupación no va a encontrar muchas ayudas fuera del estricto ámbito familiar.

Aquella tarde en el registro civil de la villa había quedado constancia del fallecimiento de su madre:[1]

“Sanz Martínez de Arizala, Helene, Armande, Nicole, soltera fallecida en Niza, calle Parmantier, pabellón Marie, en el día de hoy a las doce de la mañana; profesión: rentista; de cuarenta y ocho años; nacida en Castellón de la Plana (España), domiciliada en Paris (Sena), hija del difunto Manuel Sanz y de la difunta Josepha Martínez de Arizala, casados.”

Hasta el último momento ha respetado el deseo materno de quitarse años…

 

 

[1]Registro civil de Niza. Libro de defunciones de los años 1893-1902. Acta  nº 2666: Sanz Martínez de Arizala, Helene, Armande, Nicole. A veintitrés de Diciembre de 1898, a las cinco de la tarde. Acta levantada por el consejero municipal Jacques Serrain.

VIOLETA

Así da comienzo una biografía sobre Elena Sanz en la que, a través de sus páginas, se van despejando muchas de las dudas e incógnitas que rodean su vida, aunque parezca increíble, desde su verdadera proyección artística, hasta sus ancestros y  numerosos descendientes colaterales-, la fecha y lugar de nacimiento de su hijo Jorge (Sanz), la verdadera naturaleza de su relación con el rey, sus contactos con la masonería… y, a partir de aquí, un largo etcétera, muy insospechado y sorprendente.

VIOLETA

OTRAS OBRAS DE LA AUTORA:

“Mercedes de Orleans: el nacimiento de una leyenda.”

“El destino de los hermanos Sanz.”