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ELENA SANZ ¿UNA ASALTACUNAS?

 

Elena Sanz y Alfonso XII, Viena, 1872

Elena Sanz y Alfonso XII, Viena, 1872


Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras y con respecto a Elena Sanz y Alfonso XII nos hemos acostumbrado a ver componendas, de cuando él tiene veintisiete años y ella se encuentra en el mejor momento de su plenitud física, para, así, justificar acontecimientos que, se presume, tuvieron lugar en 1872.

Comenzando la primavera de 1872 Elena tenía ajustado un contrato para el  An der Wien vienés y, acabando marzo, en la capital austriaca se juntaron varios cantantes con la compañía de la Patti, procedente ésta de su gira por Rusia. Parece ser que la ocasión fue aprovechada por Isabel II que  pidió a la cantante que, durante su estancia en Viena, pasase a saludar a su hijo.

Así pues, Elena Sanz y Alfonso XII tuvieron un encuentro, el día 8 de abril de 1872, [1]  que posteriormente dio pábulo a infinidad de peregrinas interpretaciones. La cita había sido concertada por los preceptores del joven rey, a las dos de la tarde, y muy posiblemente tuvo lugar en alguno de los salones del colegio Teresanium, del que él era alumno, habilitados para las visitas externas.

Con el tiempo fue tomando cuerpo la idea de que ese encuentro fue propiciado por su madre y mentores, con el propósito oculto de que el muchacho y la cantante intimaran y de que ella hiciera de aquel niño un hombre. 

Se basa esta idea en la existencia de cierta costumbre decimonónica por la que un tío o, en su defecto, un buen amigo de la familia, solía ser el encargado de ayudar a un adolescente en la arriesgada aventura de su iniciación sexual; rito de paso a  la madurez que, habitualmente, solía acontecer cuando el muchacho tenía quince o dieciséis años.

Comenzando  abril de 1872 Alfonso hace cuatro meses que ha cumplido catorce años; está en ese conflictivo momento de la pubertad, en el que los días son meses y los meses años, y hubo que esperar hasta comienzos del verano (es decir, casi una eternidad), para que sus preceptores observaran que era necesario tener su mente distraída y su cuerpo ocupado, y evitar así que divagara con determinados asuntos, que no le eran convenientes debido a su corta edad; tiene las 24 horas del día totalmente reguladas, entre descanso, estudios y actividades deportivas,  con el sano propósito de mantenerle entretenido, y, por el momento, el determinado asunto lo controlaban sus mayores, perfectamente,  con un enérgico paseo por el monte o un asalto de esgrima. Así pues, cuesta creer que estrenándose aquel abril, su madre y tutores, consideraran que lo conveniente era ponerle por delante una buena moza. 

Las dos fotografías anteriores les reflejan bastante bien en el momento de su encuentro. La de Alfonso pertenece a la primavera de 1872, sin embargo la de Elena, -en una versión limpiada con Fotoshop-,  pudo salir del estudio de F. Mulnier, antes de la fecha extrema de diciembre de de 1876.

¿Asaltacunas?… Es difícil de creer. 

VIOLETA

[1] Espadas Burgos: Alfonso XII y los orígenes de la Restauración .